Por: Pepe León//Mario Millán (Almagrande)

Durante más de una década, Chetumal ha sido una capital sin transporte público. Una ciudad con el rango político más alto en el estado, pero con una deuda histórica en uno de los derechos urbanos más elementales, la movilidad colectiva. Quien vive o transita en Chetumal lo sabe —moverse ha dependido del transporte informal, de vehículos particulares o de la suerte. La capital fue, por años, invisible en los mapas de la movilidad moderna.
Por eso, el anuncio de que Quintana Roo será el primer estado del país en adquirir autobuses eléctricos hechos completamente en México —y que Chetumal será la primera ciudad donde operen— representa mucho más que una promesa de infraestructura, es una declaración de intención política y social. Es el reconocimiento de una deuda, y el primer paso para saldarla.
El compromiso, hecho público por la gobernadora Mara Lezama con el respaldo del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, se inserta en el marco del Plan México, impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum para fortalecer la producción nacional y reactivar la economía desde lo local. Y aunque aún se trata de un anuncio, no de una implementación inmediata, su relevancia estratégica merece atención.
Los autobuses Taruk, eléctricos, desarrollados por centros de investigación y manufactura mexicana como la UNAM, la UAM, DINA, Megaflux y Conacyt, simbolizan una ruta clara, dejar de importar soluciones y comenzar a confiar —y a invertir— en el talento y la industria nacional. “¿Para qué traer de fuera lo que ya hacemos en México?”, preguntó Marcelo Ebrard durante un encuentro con la Gobernadora. Es una pregunta que incomoda a quienes aún piensan en la tecnología extranjera como única opción.
Desde una visión local, el impacto potencial es profundo. Para Chetumal, contar con un sistema de transporte moderno y sustentable no sólo dignificaría la vida de miles de personas, sino que permitiría reconfigurar la ciudad en clave de inclusión, equidad y desarrollo. No hay movilidad digna sin justicia territorial. Y no hay capital que se respete sin transporte público.
A nivel nacional, el anuncio sitúa a Quintana Roo como una entidad pionera en vincular la movilidad con el fortalecimiento del mercado interno. No es sólo un plan de transporte; es una apuesta por el desarrollo tecnológico propio, la sostenibilidad ambiental y la participación ciudadana. No por nada, el proyecto fue alimentado con propuestas recogidas en el programa “Tu Ruta Chetumal”, que dio voz a las necesidades y preocupaciones reales de la gente.
Eso sí, el reto es convertir el anuncio en realidad. No es la primera vez que se promete transformar el transporte en Chetumal. La diferencia hoy está en la congruencia con una política nacional, en la visión integral y en el potencial de ejecutar una solución concreta y estructural. Pero el tiempo y la ciudadanía serán los jueces de su cumplimiento.
Hoy, Chetumal no tiene aún los autobuses eléctricos circulando por sus calles. Pero, por primera vez en años, tiene una promesa clara, sustentada en una política nacional, en tecnología propia y en participación social. Y eso, en sí mismo, ya marca un giro importante.
Ojalá que no se quede en el papel. Porque una capital sin transporte, es una capital sin movimiento. Y una ciudad que no se mueve, simplemente no avanza. Nos leemos pronto…
