Por Almagrande

Por años, hablar de finanzas públicas en Quintana Roo era sinónimo de deuda creciente, manejos cuestionables y compromisos que limitaban el margen de acción del gobierno.
Hoy, bajo el liderazgo de Mara Lezama, ese panorama empieza a invertirse y el reconocimiento no viene de discursos políticos, sino de las agencias internacionales de calificación crediticia.
La reciente decisión de Moody’s Local México de elevar la nota del estado de A.mx a A+.mx, con perspectiva positiva, se suma al aumento previo de Fitch Ratings, que llevó a Quintana Roo de BBB+ a A.
Esto no es menor, pocas entidades en México han logrado avanzar en sus calificaciones en tan corto tiempo, y menos aún aquellas que cargaban con pasivos heredados tan pesados como los que dejó la década pasada.
El mensaje de fondo es claro, Quintana Roo está logrando ordenar sus finanzas, incrementar su recaudación propia y reducir su vulnerabilidad frente a la deuda.
Dicho de otro modo, el Estado gana margen de maniobra para decidir su futuro, sin depender tanto de la Federación ni hipotecar las finanzas de las próximas generaciones.
El logro financiero tiene un valor político enorme. Mara Lezama, hoy considerada la gobernadora mejor evaluada a nivel nacional, envía con esto una señal doble. A nivel local, demuestra que gobernar con honestidad —bajo el principio de “no robar, no mentir, no traicionar”— sí genera resultados tangibles. A nivel nacional, proyecta a Quintana Roo como un referente de manejo responsable y transparente, algo que pocas administraciones estatales pueden presumir.
El sello de la mandataria es claro, no se trata solo de números, sino de un modelo de gestión que busca que cada peso ahorrado o recuperado de la corrupción regrese al pueblo en forma de programas sociales, infraestructura y bienestar. Es, en suma, la aplicación práctica de la llamada justicia social en el terreno financiero.
Para un estado cuya economía depende en gran medida del turismo —un sector vulnerable a crisis internacionales, huracanes o pandemias—, contar con una posición financiera sólida es casi una cuestión de supervivencia.
La mejora crediticia implica que el gobierno podrá responder con mayor capacidad ante emergencias, financiar proyectos estratégicos y mantener estabilidad aun en tiempos de incertidumbre global.
Esto no significa que todo esté resuelto, la desigualdad social, los retos en infraestructura urbana y la dependencia económica del turismo siguen siendo enormes. Pero sí implica que Quintana Roo tiene hoy un piso más firme desde el cual enfrentar esos desafíos.
En un país donde muchos gobiernos estatales todavía utilizan la deuda como recurso político de corto plazo, lo logrado en Quintana Roo demuestra que la disciplina financiera puede ser compatible con una agenda social progresista. No es una dicotomía entre “números ordenados” y “justicia social”, el éxito de Mara Lezama muestra que ambas metas pueden caminar juntas.
Sin embargo, hay que ser claros, las calificaciones crediticias son volátiles y dependen de la consistencia en el manejo financiero. Si se baja la guardia, si el gasto público se convierte en moneda de cambio político o si se relaja la disciplina presupuestal, el reconocimiento internacional puede desvanecerse tan rápido como llegó.
El verdadero reto de Quintana Roo será mantener esta senda en el tiempo, blindar los avances frente a los vaivenes políticos y asegurar que la estabilidad financiera no se convierta en un fin burocrático, sino en una palanca real de desarrollo social. Solo así este reconocimiento será recordado no como un triunfo pasajero, sino como el inicio de una nueva etapa de madurez económica y política para el estado. ¡Hasta la próxima!
