- Cuando la omisión institucional se convierte en abandono político

Por: Pepe León
El clamor de las comunidades mayas por la creación del municipio “Jacinto Pat” no es un capricho, ni una simple aspiración identitaria, es una respuesta política al abandono prolongado. La pregunta central —¿por qué los habitantes de Tihosuco, Santa Rosa y la Ruta de los Chunes quieren separarse de Felipe Carrillo Puerto?— tiene múltiples respuestas, pero todas confluyen en una sola causa estructural, el profundo rezago y la falta de representación real.
Durante décadas, la Zona Maya había sido tratada por los gobiernos del pasado como un apéndice rural del municipio cabecera. A pesar de ser la raíz histórica y cultural del pueblo maya quintanarroense, ha sido relegada en la distribución del presupuesto, la inversión pública, y la toma de decisiones. Carreteras deterioradas, servicios públicos mínimos, abandono en salud, educación, vivienda y oportunidades para los jóvenes: ése es el saldo.
En este contexto, no puede ignorarse el papel de la actual presidenta municipal de Felipe Carrillo Puerto, Mary Hernández, quien gobierna por segunda ocasión. Su continuidad al frente del municipio simboliza, para muchos, el estancamiento político y la desconexión entre el poder local y las necesidades reales de las comunidades.
Su administración ha sido señalada por mantener una visión centralista, limitada a la cabecera municipal, donde se concentra el grueso de la inversión y la infraestructura. En contraste, las comunidades de la Zona Maya han denunciado sistemáticamente la ausencia de obra pública, la falta de programas sociales eficaces, y la ineficiencia en la atención ciudadana. La figura de María Candelaria Hernández Solis, en vez de ser un puente entre el pasado y el futuro, se percibe como bloqueo y obstáculo para la transformación democrática y territorial del municipio.
Lejos de generar cohesión, su gestión ha profundizado las fracturas. El desencanto con su liderazgo no solo es palpable, sino también organizativo:m, el movimiento por el nuevo municipio no surge de una coyuntura, sino de años de frustración acumulada bajo administraciones como la suya.
La iniciativa para crear “Jacinto Pat” puede leerse también como un acto de insubordinación democrática. Es un mensaje directo a quienes han ocupado el poder municipal una y otra vez, sin traducir ese poder en bienestar colectivo. En ese sentido, no se trata solamente de rediseñar el mapa político de Quintana Roo, sino de reconstruir el pacto social roto entre la ciudadanía maya y sus gobernantes.
Cada comunidad que hoy respalda esta propuesta está lanzando un grito: “no nos escucharon cuando tocamos la puerta; ahora construiremos nuestra propia casa.” Y esa decisión tiene implicaciones profundas para todo el estado. Si el Congreso local ignora el reclamo o lo posterga bajo argumentos técnicos, el mensaje que se enviará será el mismo que ha perpetuado la desigualdad, que el poder solo se ejerce desde el centro, y que la periferia debe resignarse a ser olvidada.
La fragmentación de Felipe Carrillo Puerto no es una traición a su historia, sino la consecuencia de una ausencia sistemática de liderazgo incluyente. Mientras figuras como Mary Hernández se aferren al poder sin renovarse ni responder a las demandas sociales, el impulso hacia un nuevo municipio crecerá, no como una ruptura, sino como una alternativa necesaria.
Si las comunidades se quieren ir, es porque ya no se sienten parte de un proyecto municipal que las ha ignorado. No es separatismo: es sobrevivencia, identidad y exigencia de justicia. Nos leemos pronto…
