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A 100 Millas | Seguridad con rumbo en Playa del Carmen; un nuevo liderazgo para una ciudad que exige resultados

porEditor Libre Opinión

Ago 1, 2025
  • Carlos Montesinos asume la Secretaría de Seguridad Ciudadana marcando un punto de inflexión en la estrategia del Ayuntamiento para devolver la paz a Playa del Carmen

Por: Pepe León, Mario Millán (Almagrande)

En tiempos donde la seguridad se ha convertido en la demanda más urgente de las y los ciudadanos, los relevos en puestos clave no pueden ser administrativos ni simbólicos, deben ser decisiones de fondo, ancladas en la urgencia de recuperar la confianza ciudadana y fortalecer el estado de derecho.

Por eso, la designación de Carlos Alberto Montesinos García como nuevo titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, en relevo de Raúl Tassinari, tras presentar su renuncia, no puede leerse como un simple cambio de nombre. Representa, más bien, una apuesta deliberada por la profesionalización de las instituciones, por la inteligencia sobre la fuerza bruta, y por una seguridad que mire a la ciudadanía a los ojos, no desde arriba.

La presidenta municipal Estefanía Mercado lo dejó claro al encabezar la sesión extraordinaria de Cabildo: la seguridad pública debe ser más humana, más profesional y más coordinada. No se trata de una frase política, sino de una brújula. Porque en una ciudad con crecimiento acelerado, turismo internacional, contrastes sociales y amenazas reales, el combate al delito no puede quedar en manos improvisadas.

Con más de 15 años de experiencia en cargos de inteligencia, investigación y procuración de justicia, Carlos Montesinos no es un improvisado. Su paso por las fiscalías General de la República y de Quintana Roo, así como las secretarías de Seguridad Pública de Puebla y del Estado, lo colocan como un operador del sistema, conocedor de las redes criminales, de las debilidades institucionales… y de cómo enfrentarlas con estrategia.

Más allá de sus credenciales, el reto que enfrenta no es menor, recuperar la seguridad en una ciudad donde los delitos del fuero común han afectado la vida cotidiana, donde el narcomenudeo disputa esquinas, y donde el tejido social ha comenzado a resentir el desgaste.

Pero su llegada también envía otro mensaje, la seguridad debe ser política pública, no una ocurrencia. Debe planearse, medirse, evaluarse y corregirse. Y para eso, se necesitan perfiles como el de Montesinos, técnicos, con autoridad moral y capacidad de interlocución con otras instituciones.

La principal expectativa ciudadana no es ver más patrullas, sino sentirse realmente protegida. Y eso se logra con cercanía, con patrullajes efectivos, con elementos capacitados y motivados, con protocolos claros y con una cadena de mando que funcione.

Montesinos hereda una corporación con fortalezas, pero también con desafíos internos. El nuevo jefe policiaco deberá reconstruir la moral interna, exigir resultados sin poner en riesgo la integridad de sus elementos y abrir la institución a la ciudadanía. Porque hoy, más que nunca, la seguridad se construye en comunidad.

La administración de Estefanía Mercado ha entendido que gobernar es tomar decisiones difíciles. Cambiar a quien encabeza la Secretaría de Seguridad no es solo una cuestión de estructura, es una declaración de principios. Quien no dé resultados, se va. Quien pueda construir, tiene las puertas abiertas.

Carlos Montesinos llega con ese respaldo, pero también con esa exigencia. Su nombramiento no puede ser visto como un cheque en blanco, sino como una oportunidad puntual, finita, de demostrar que se puede gobernar con orden, con visión y con justicia.

Playa del Carmen no espera milagros. Espera resultados concretos, visibles y sostenibles. La reducción de delitos, atención eficaz a emergencias, mejor trato policial y políticas de prevención con enfoque social.

Carlos Montesinos tiene la experiencia. Estefanía Mercado, la voluntad política. La ciudadanía, el derecho de exigir. El momento exige claridad de rumbo, decisiones valientes y, sobre todo, un compromiso auténtico con la paz. Porque en seguridad, ya no hay tiempo para improvisar.