• septiembre 11, 2026 7:28 PM

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A 100 Millas | Yensunni, entre las cifras del informe y la ciudad que todavía espera

porEditor Libre Opinión

Sep 11, 2026

Por AlmaGrande

Hay informes de gobierno que se leen en las cifras y hay otros que, inevitablemente, tienen que leerse en las calles.

El Segundo Informe de Gobierno de la presidenta municipal de Othón P. Blanco, Yensunni Martínez Hernández pertenece a las dos categorías. Por un lado, presenta números, inversiones, obras, reducción de deuda, recuperación de espacios deportivos, fortalecimiento del parque vehicular y acciones para mejorar los servicios públicos. Por el otro, llega ante una sociedad que todavía enfrenta problemas cotidianos que ningún discurso institucional puede esconder, por ejemplo, calles deterioradas, drenaje pluvial insuficiente, obras que se prolongan, movilidad complicada, servicios que no siempre responden a la velocidad que demanda la ciudadanía y, ahora, una crisis de confianza alrededor de la seguridad municipal.

Y ahí está precisamente el verdadero desafío de Yensunni Martínez en esta segunda oportunidad al frente del Ayuntamiento de Othón P. Blanco.

Para Yensunni no basta demostrar que se ha hecho más que antes. La pregunta que debe responder una segunda oportunidad es mucho más exigente, como la que ya tiene en el cargo.

El gobierno municipal puede argumentar —y tiene elementos para hacerlo— que heredó rezagos importantes y que ha tenido que ordenar finanzas, recuperar maquinaria, atender servicios abandonados y comenzar obras que durante años fueron postergadas.

Eso es parte de la realidad, pero también es realidad que la administración reporta una mejor posición financiera, reducción de pasivos, inversión en infraestructura hídrica y deportiva, recuperación de vehículos y equipos para las áreas operativas y miles de acciones de mantenimiento urbano.

El problema es que la percepción ciudadana no se construye con el informe, se construye con la experiencia diaria.

El ciudadano no camina por la ciudad pensando en la calificación de una agencia financiera, camina preguntándose si llegará a su casa sin caer en un bache.

No analiza el porcentaje de reducción de la deuda municipal cuando enfrenta una calle inundada.

No mide la cantidad de proyectos de infraestructura cuando lleva semanas padeciendo un cierre vial.

No evalúa el presupuesto destinado al deporte cuando espera que el Ayuntamiento resuelva un problema elemental de alumbrado, basura, drenaje o seguridad.

Ahí está la distancia que todavía debe cerrar Yensunni.

Obviamente sería también injusto desconocer los avances. La administración ha colocado como prioridades asuntos que durante años fueron reclamados por los habitantes de Othón P. Blanco como son agua, drenaje, servicios públicos, espacios deportivos y saneamiento de las finanzas municipales.

La inversión reportada en infraestructura hídrica es particularmente relevante porque Chetumal tiene una relación histórica con el agua (lluvias intensas, inundaciones, drenaje insuficiente y problemas de infraestructura) que se ha convertido en una especie de condena urbana.

También merece reconocimiento la recuperación de la capacidad operativa del Ayuntamiento. Tener vehículos, maquinaria y equipo no parece una gran hazaña desde una oficina, pero en una administración municipal puede significar la diferencia entre atender una emergencia o dejar que un problema se convierta en crisis.

Lo mismo ocurre con la reducción de pasivos. Un gobierno municipal que logra ordenar sus finanzas tiene mayor margen para invertir posteriormente en infraestructura y servicios. Y el deporte tampoco debe minimizarse. Recuperar espacios públicos y deportivos significa reconstruir tejido social, particularmente entre niños y jóvenes.

En otras palabras, sí hay materia para defender la gestión, pero precisamente porque Yensunni está en una segunda oportunidad, la vara de medición ya no puede ser la misma.

El problema de un informe no está solamente en lo que dice, sino también en lo que decide no colocar en el centro. En este segundo informe hacía falta una autocrítica mucho más profunda.

¿Dónde está el balance puntual de las obras que no terminaron a tiempo?
¿Dónde está el reconocimiento de los proyectos que generaron molestias mayores a las previstas?
¿Dónde está la explicación detallada de los retrasos?
¿Dónde está la evaluación de las políticas que no produjeron los resultados esperados?
¿Dónde está el diagnóstico honesto sobre la percepción ciudadana?
¿Dónde está la explicación política y administrativa sobre la crisis de confianza en la Policía Municipal?

Un verdadero informe de gobierno no debería ser solamente un escaparate de resultados. También debería ser un ejercicio de reconocimiento de errores.

El hecho de decirle a la ciudadanía qué salió mal no debilita a un gobierno, al contrario, puede ser la demostración de que existe capacidad para corregir.

La ciudadanía no espera una administración perfecta, espera una administración que no le mienta.

Othón P. Blanco es un territorio donde Morena no solamente gobierna, también ha depositado una parte importante de sus expectativas de transformación.

Ese pueblo que se identifica con la Cuarta Transformación —el pueblo noble y sabio al que tantas veces se apela desde el discurso político— no está esperando milagros, está esperando congruencia. Quiere ver que el discurso de transformación llegue a la colonia. Quiere comprobar que el gobierno que habla de justicia social también sea capaz de resolver los problemas básicos. Quiere que Chetumal recupere dignidad, dinamismo y orgullo.

Yensunni tiene frente a sí una oportunidad que quizá sea la más importante de toda su carrera política.

No se trata solamente de terminar su periodo, se trata de demostrar que la segunda oportunidad que le otorgó el electorado tenía o tiene sentido, porque si al final de esta administración la gente puede decir: “sí, mi colonia está mejor, mi calle está mejor, tengo mejores servicios, me siento más seguro y veo un gobierno que cumple”, entonces las cifras del informe adquirirán verdadero valor político, pero si la gente sigue viendo una ciudad estancada, con obras inconclusas, problemas históricos sin resolver y una administración que explica más de lo que transforma, entonces ninguna presentación de resultados podrá llenar ese vacío.

Entonces, el documento entregado ante el Cabildo es el informe institucional, el verdadero informe lo hará la ciudadanía. Lo hará el taxista. Lo hará el comerciante. Lo hará la madre de familia. Lo harán los jóvenes. Lo harán los habitantes de las colonias populares. Lo harán las comunidades rurales. Lo harán los empresarios que siguen esperando condiciones para invertir. Lo harán los trabajadores municipales que conocen desde dentro las fortalezas y debilidades del Ayuntamiento.

Y lo hará, finalmente, la historia política de Chetumal, así que Yensunni Martínez tiene todavía tiempo, aún cuando ya no tiene el privilegio de ser evaluada únicamente por lo que promete, ahora debe ser evaluada por lo que termina, porque gobernar una ciudad no consiste en demostrar que se hizo algo, consiste en conseguir que la gente pueda vivir mejor y ese es el verdadero examen de su segunda oportunidad. Y ese es, también, el pendiente más importante de un municipio que todavía no termina de prosperar, pero en el que su gente —ese pueblo noble y sabio que creyó en la transformación— sigue esperando que algún día las palabras de cambio dejen de ser una promesa y se conviertan definitivamente en una realidad cotidiana. ¡Hasta la próxima!